Los mejores Mercados Navideños de Berlín

Acabamos de volver de pasar el puente de Diciembre en Berlín y aquí os quiero hacer un resumen de nuestra experiencia por los mejores mercados navideños de esta estupenda ciudad.

Aunque Berlín tiene muchísimas cosas que ver relacionadas con la historia, el arte, , etc (eso lo dejamos para otro post), en estas fechas se puede hacer una escapada básicamente enfocada en los mercadillos.

La mayoría de estos mercadillos están en el centro de la ciudad, aunque Berlín tiene un sistema de transporte muy eficiente con metro, tranvía y autobuses (las líneas 100 y 200 hacen recorrido por las partes más representativas, por lo que podrían usarse como un autobús turístico low cost). En este listado están ordenados según la distancia a la Alexander Platz, que tomo como centro neurálgico de la ciudad.

  • Alexander Platz

Lo más representativo de este mercado, además de que está justo debajo de la Torre de la Televisión, es su pirámide navideña gigante. Realmente es un bar debajo, donde vendían todo tipo de bebidas frías y calientes (el típico vino caliente o Glühwein, ponches con o sin alcohol, etc). También hay un carrusel de dos plantas muy bonito.

Y una estupenda pista de patinaje. El acceso costaba alrededor de 3-4 euros (incluyendo los patines), dependiendo del turno (eran de hora y media), y hay taquillas para poder dejar los zapatos, abrigos o mochilas. Alrededor de la pista había unas mesas altas donde se puede esperar tomando algo si no te atreves a calzarte los patines.

  • Rote Rathaus

Este mercado está justo al otro lado de la Torre de la Televisión, enfrente del Ayuntamiento Rojo (Rote Rathaus), un edificio precioso de ladrillo. Este es el mercadillo más completo que vimos. Tenía una noria gigante, que daba una visión panorámica de todo el mercadillo; varios carruseles (dependiendo de la edad del niño); unas sillas voladoras; un trenecito para los más pequeños ; y lo más espectacular: una pista de hielo en forma de anillo alrededor de la Fuente de Neptuno. La verdad es que era un entorno mágico, patinar alrededor de la fuente, iluminada por colores, y tener a un lado la Torre de la Televisión y al otro lado la noria gigante.

Este mercado era bastante grande, tenía muchos puestos de comida, bebida y artesanía.

  • Opernpalais

Este mercado era más pequeñito, más íntimo. Alrededor del Palacio de la Opera de Berlín, no tenía más actividades que los propios puestos, pero por eso es ideal para quien busque simplemente pasar un rato con los amigos y disfrutar de un mercado en plan tranquilo. La iluminación y el propio edificio de la Opera, le daban un aire muy bohemio e intimista.

  • Gendarmenmarkt

Como mercado navideño este es el que más me gustó. El entorno era envidiable, en un plaza rodeado por las catedrales francesa y alemana (una enfrentada a la otra, casi gemelas) y el Auditorio de Conciertos. Parecía que te habías trasladado a otra época. Había que pagar para entrar (1 euro los adultos, gratis para los niños) y se formaba un poco de cola para entrar pero merecía mucho la pena. Tiene muchos puestos, de artesanía y comida/bebida, y, a los lados, pequeños chalets para poder comer sentados más tranquilamente (y con menos frío). En uno de estos degustamos una riquísima fondue.

Tenían un escenario donde se hacían actuaciones de música regional, infantil, de humor, etc, así que era bastante entretenido. Es muy popular.

  • Potsdamer Platz

Situado en esta plaza, justo al lado del Sony Center, lo más peculiar es su tobogán de hielo gigante, donde te tiras con un flotador en plan parque acuático. Tenía también unas sillas voladoras y un carrusel, y los puestos típicos. Como entorno no era el más agradable por estar rodeado de edificios altos y modernos.

  • Gedächniskirche

Este es el más alejado al que fuimos, al final del Tiergarten, en frente del Zoo de Berlín. Lo más característico es que está justo debajo de la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, con su parte nueva y vieja. Con un ambiente bastante íntimo a pesar de estar rodeado de centros comerciales. Tenía algunas actividades para niños (mini noria), y muchos puestos con lo típico.

Lo típico son los puestos de artesanía y decoración, que son cosas muy bonitas, pero que con la globalización, las puedes encontrar en cualquier sitio ya (casi todo).

Lo más interesante, para mí, es la gastronomía, siendo lo más representativo la currywurst, o salchicha con salsa de curry. Aunque también había por todos lados codillo o unos champiñones. Por la parte dulce, además de las cosas normales tipo goffres, crepes, donuts, etc, descubrimos los quarkbällchen o buñuelos hechos con queso quark, deliciosos!!

Y para terminar os dejo con mi colección de tazas de los mercadillos. Para cada bebida tenías que dejar un depósito que te devolvían al llevar de vuelta las tazas. Bueno, a mi me gustaron y me las quedé de souvenir.

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Espero que os haya gustado este post y que os animéis a descubrir los mercados navideños de Berlin.

Berlin con niños: una escapada perfecta

Este puente de diciembre he realizado una escapadita de 3 días completos a Berlín con mis hijos. Este es el resumen de lo que podéis ver en esas fechas y con niños que ya enteran bien de las cosas (casi 10 y 8 años). También visitamos muchos mercadillos navideños, tan típicos por esta zona, pero eso lo puedes ver en este post.

Berlín es una ciudad muy amable y preparada para ir con niños, vamos children-friendly. Llegamos hasta Tegel con Iberia y nos alojamos, como casi siempre últimamente, usando Airbnb. Elegimos la casa de Gesine, justo al lado de Alexander Platz, así que estábamos muy céntricos.

Berlín es una ciudad extensa pero con una buena red de transporte público. Obviamente, hay autobuses turísticos, pero los autobuses 100 y 200 pueden cumplir esa función en versión low cost, además de la red de tranvías y metro. Los autobuses turísticos suelen terminar muy pronto, por lo que siempre debes complementar con transporte público.

Como estábamos tan cerca de la Alexander Platz, lo primero que hicimos fue visitar la  Berliner Fernsehturm o Torre de la Televisión, donde se asciende a 203 metros en solo 40 segundos hasta su plataforma de observación para tener una vista panorámica de la ciudad de Berlín, aunque la torre mide un total de 365 metros. Dicen que en días claros se puede ver hasta 80 km a la redonda.

Recomiendo comprar las entradas online, porque, además de ser más baratas, te ahorras la cola para comprarlas y luego para entrar. La verdad es que se notan que son alemanes y lo tenían bien organizado, porque una vez compradas las entradas te podían avisar con un SMS media hora antes de que te tocara tu turno.

Justo encima de la plataforma de observación, hay un restaurante giratorio, donde se pueden tomar desde el desayuno a la cena, mientras te das una vuelta por Berlín.

Las vistas desde la Torre es espectacular  y te haces una idea muy buena de la arquitectura de cada una de las dos lados del muro además de ver monumentos impresionantes como la Catedral (abajo, con las cúpulas verdes).

La Torre tiene una historia curiosa, ya que se fue construida en los años 60 por la RDA para poder emitir la televisión pero también para hacer un alarde de fuerza y poderío comunista, ya que la torre se divisa desde casi cualquier punto de Berlín. El tema es que a cierta hora de día, cuando hace sol, se refleja de tal modo que se puede ver una cruz iluminada en la esfera, por lo que los berlineses empezaron a llamarla la revancha del Papa.

En esta época también se podían ver los mercadillos navideños, desde otra perspectiva.

Berlín está unida a la imagen del oso, lo tiene en su bandera y los hay por todos lados: unos 300 Buddy Bär, de los cuales aquí os dejamos una pequeña muestra.

Un atracción interesante para ir con niños es Legoland Discovery Center. Es para niños hasta 10 años, pero los más pequeños se lo pueden pasar pipa. Es todo a cubierto, por lo que es ideal para cuando haga mal tiempo. Se pueden comprar las entradas por la web (y te ahorras algún euro) y también se pueden comprar en conjunto con otras atracciones como el Sea Life (ver más abajo).

Se encuentra en el Sony Center, en la parada de metro de Potsdammerplatz), y a la entrada te recibe una jirafa a tamaño natural hecha de bloques de Lego. Lo curioso es que la entrada se repite luego dentro en el Miniland.

En el Miniland se pueden ver edificios representativos de la ciudad, con algunas animaciones, incluida la que muestra la caída del Muro, con sonido y todo.

Hay un cine en 4D (si, te da el vientecito y todo), una zona para construir un coche con fichas de Lego y luego tirarlo por una pendiente para ver si sobrevive, atracciones como el Dragon Ride o Merlin’s Apprentice, la Misión Espacial para pilotar cohetes o la zona Ninjago, donde se podía entrenar para ser ninja en un campo de rayos láser. También había una zona llamada Fabrik, donde explicaban como se construyen las piezas de Lego, pero la verdad es que la chica fue un poco desaboría.

Es interesante para niños pequeños, que les guste el Lego, y para pasar un rato a cubierto si el tiempo no es bueno. Para los padres está muy bien montado, tiene un bar dentro.

En la zona de la Torre de la Televisión está en Aquadom Sea Life, que la verdad es que me decepcionó un poco, aunque no es caro. Está bien para pasar un rato a cubierto y a los niños siempre les mola ver animalitos.

Lo más llamativo, además de un laberinto de espejos, es el Aquadom, una pecera en un tubo enorme, donde subes con un ascensor por el centro. El Aquadóm está, para ser aún más curioso, en el hall del hotel Blu Radisson.

Desde Potsdammerplatz, tomamos dirección norte, por Ebertstrasse, y llegamos al Monumento al Holocausto. La verdad es que es impresionante como una cosa tan simple (unos simples bloques de hormigón de diferentes tamaños, alineados, en una gran explanada) pueden hacerte sentir tanto. Para los niños fue un gran divertimento, era un laberinto, pero, si sientes el significado, es abrumador.

Siguiendo más al norte por ella calle, llegamos a la Puerta de Brandenburgo, a la que también se puede llegar por la parada de metro que lleva su nombre o por el autobús 100. La Puerta es eso, una puerta, y daba acceso a la ciudad. En la época del Muro quedó en tierra de nadie y por eso fue un gran símbolo de la reunificación, sobre todo por la restauración de su cuadriga.

Justo al lado está el Reichtag o Parlamento Alemán, con su gran cúpula de cristal, que se puede visitar bajo petición.

En la Puerta de Brandenburgo empieza el Tiergarten, el parque más famoso de Berlín, y justo al final, al lado del Zoo de Berlín, está Iglesia Memorial del Kaiser Wilhem o Gedächtniskirche, que realmente son dos edificios. El antiguo, una preciosa edificación del XIX que quedó parcialmente destruida en la Segunda Guerra Mundial por fuego aliado. La torre medía 113 metros y era el edificio más alto de Berlín en la época.

Después de la Guerra se pensó en reconstruirla pero finalmente ganó un proyecto donde se construía otro edificio, una torre toda hueca, cubierta de placas azules, que es una espectacular iglesia. No pudimos verla por dentro porque estaba en obras, pero si vimos la antigua que tiene unos mosaicos en la entrada.

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Justo al otro lado de la ciudad, se puede visitar la East Side Gallery,  el trozo de Muro de Berlín más largo, que se ha convertido en una exposición al aire libre. Durante el derribo, un artista alemán tuvo la idea de convertirlo en un museo de arte urbano al aire libre, y así nació esta galería de 1316 metros con más de 100 obras de artistas de todo el mundo.

Las obras no se cuidaron mucho y 20 años después de su construcción se pidió a los artistas que las hicieran de nuevo, algunos se negaron alegando que debían haberlas cuidado mejor.

Nuestro recorrido fue ir hasta la parada de metro de Warschauer Strasse y ir andando hasta la de Ostbahnhof, siguiendo todo el Muro, pero se puede hacer en sentido contrario.

En ese recorrido nos encontramos justo al comienzo de la East Side Gallery el Oberbaumbrücke, que cruza el río Spree.

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Algunos datos del Muro: fue construido en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 y estuvo en pie 28 años hasta el 9 de noviembre de 1989. Fue levantado por la RDA para evitar que los ciudadanos del Este emigraran al Oeste. El Muro tenía 160 km, de los cuales 45 dividían Berlín y el resto separaba la parte Oeste de la RDA.

El Muro separaba las dos partes de la ciudad y del país, y ninguna de las dos partes podía viajar al otro lado. Luego se fueron relajando las condiciones y se permitía a ciudadanos del Oeste visitar a sus familiares del Este (hay que tener en cuenta que el Muro se construyó en una noche, dejando a familias separadas). Había 3 puntos de control para pasar de un lado al otro: Alfa, Bravo y Charlie.

Todos hemos visto imágenes en televisión de la caída del Muro, con ciudades de ambos lados, golpeando con todo lo que tenían en su mano. Fue un alivio para Alemania y todo un símbolo para el mundo entero.

En la calle Friedrichstrasse se puede visitar el mítico Check Point Charlie, el único que ha sobrevivido, y donde hay varias exposiciones y actividades sobre el Muro en sus alrededores. Te puedes hacer fotografías con personas vestidas con los uniformes de la época,  sentir cómo pasas de un lado al otro.

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Al terminar la visita a la East Side Gallery en Ostbahnhof, se puede coger la Strasse der Pariser Kommune hasta la Karl-Marx Allee (también se puede ir desde la parada de metro Weberwiese) para ir al Museo de los Videojuegos o Computer Spiele Museum.

Si tú o tus hijos sois unos frikis de los videojuegos desde luego que merece la pena. No solo se ven muestras de consolas y ordenadores desde siempre (empezando por postales con las que se jugaba al ajedrez a distancia) sino que es muy interactivo y se puede jugar a multitud de juegos retros, muy retros, hay una zona de Arcade y también una muestra de la llegada de los videojuegos a los hogares.

También puedes conocer la historia de videojuegos míticos o ver curiosidades de algunos de ellos. Yo, además de rememorar mi adolescencia jugando al Tetris, me frustré mucho por no conseguir pasar de la primera pantalla del Space Invader, y me reí un rato con un juego donde se escribían comandos con MSDos. ¡Qué tiempos aquellos!

Para terminar, uno de los personajes más significativos de Berlín, el Ampelman, que no es otra cosa que el hombrecillo de los semáforos, en su versión roja o verde. Es toda una institución en Berlín, como muestra que tenga tiendas dedicadas totalmente al peculiar  muñeco. Nosotros encontramos dos, una al lado del hotel Blu Radisson y otra en la plaza Gendarmenmarkt.

Espero que os haya gustado nuestra información, que la encontréis útil y que os animeis a conocer esta maravillosa ciudad.