Descubriendo Oporto (y Aveiro)

Después de bastante tiempo queriendo conocer Oporto, por fin esta Semana Santa me decidí a organizar una escapadita a este tesoro portugués.

La ciudad, y sobre todo el centro histórico, es una maravilla y,  desde mi punto de vista muy auténtica, aunque por el periodo en que la visité estaba muy “turistizada”; había toneladas de visitantes, sobre todo españoles, y bastante “presión” para adquirir servicios turísticos.

Oporto es una ciudad para patear y disfrutar tranquilamente y, a ser posible, alejarse un poquito de las calles principales y respirar su atmósfera más auténtica, pero igual de mágica y decadente que las zonas más visitadas.

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Vista general desde un mirador que encontramos por azar

Una de las primeras cosas que hicimos nada más llegar fue ir a probar la famosa francesinha, o el sandwich de 18 millones de calorías que se puede degustar en cualquier sitio con más o menos éxito. En resumen, es un sandwich con un relleno variado y variable de jamón de york, filete de ternera, queso y lomo, cubierto como si fuera un tarta fondant por lonchas de queso tipo “tranchette” y bañado por una salsa un poco picante. Y se acompaña de patatas fritas. Vamos, lo mejor para empezar la operación bikini. Aun así, merece la pena probarlo porque es algo de lo que los portuenses se sienten muy orgullosos.

La Francesinha

La Francesinha

Y siguiendo con el capítulo gastronómico, en Oporto, como en todo Portugal, se puede disfrutar de multitud de formas de preparar el bacalao (desalado, normalmente). En general, el pescado es bastante valorado y se puede encontrar variedad tanto en especies como en formas de preparación. A mi me gusta en especial la parrilla, que en España en más dificil de encontrar. Alejándonos del centro, en Matosinhos, un pueblo pegado a Oporto, descubrimos una calle (Av. Serpa Pinto) con muchos restaurantes especializados en pescado y marisco. La zona es bastante normal, un barrio al lado de la ría, pero los restaurantes montaban delante de sus puertas unas parrillas con carbón donde preparaban el pescado. ¡No sé cómo de contentos estarían los vecinos! Visitamos el Rei da Sardinha Assada, por ver parroquianos en la terraza, y, aunque es una tasca de barrio, la comida es abundante y rica: pedimos media ración de bacalao y trajeron una bandeja que daba para comer dos de sobra.

Volviendo a cosas más “fancy”, en la calle comercial Santa Catalina se puede encontrar el Café Majestic. La verdad es que queda raro encontrar ese café modernista al lado de tiendas de franquicias, pero, aunque barato no es, merece una visita. Pasteis de nata, café y vino Oporto vintage fue la comanda, que se disfrutó convenientemente en ese entorno, si bien turístico, muy agradable.

Café Majestic

Café Majestic

Pasteis de nata y Oporto Vintage

Pasteis de nata y Oporto Vintage

Quizás la vista más reconocible de  Oporto sea su Ribeira, el paseo por la orilla de la ría, con su casas decoradas de azulejos y balcones de forja. Desde la Ribeira parten las cuestas, tan características de esta ciudad, que hasta la zona de la Torre dos Clerigos llenan la ciudad de edificios con ese aire romántico y decadente tan agradable para pasear. Parte de la Ribeira está llena de restaurantes con terraza agradables pero, para mi gusto, demasiado turísticos. También ahí se pueden contratar los paseos en barco, algunos de madera muy bonitos, por el Duero. No hicimos el paseo en barco finalmente, pero creo que da una visión diferente de la ciudad. En las fechas de mi visita también había puestos con artesanías y souvenirs, pero no sé si estarán siempre.

La Ribeira

La Ribeira

Vista de la Ribeira desde Vila Nova de Gaia

Vista de la Ribeira desde Vila Nova de Gaia

Un barco en el Duero

Un barco en el Duero

En Vila Nova de Gaia, al otro lado del Duero, se encuentran las bodegas o caves del famoso vino de Oporto. Como siempre me ha llamado la atención este tipo de vinos, más elaborados, con su técnica, nos acercamos a la bodega Ferreira, que es la marca que últimamente he comprado y que, a la postre, es de las más antiguas y bastante bonita. Las visitas son guiadas y las hay en varios idiomas. En consecuencia  a la cantidad de españoles que había en Oporto, la visita en nuestro idioma fue muy populosa, y, aunque la explicación era fácil y accesible, era complicado entender por tanta gente que había. Fue un poco rápida además, sin entrar en muchas explicaciones de lo que se veía por la bodega, que, por otra parte, era muy interesante. Al final hubo una degustación de dos vinos, y, bueno, acabé conociendo un poquito más de la forma de elaboración de este rico vino y de las diferencias entre tawny, ruby o vintage.

Vista de Vila Nova de Gaia

Vista de Vila Nova de Gaia

Vinos de Oporto en la bodega Ferreira

Vinos de Oporto en la bodega Ferreira

Como he comentado antes, Oporto es la ciudad perfecta para pasear y meterse por todos los rincones, y haciendo eso, andar sin mirar por donde íbamos, nos encontramos con un regalo del destino. Un bar, el del Guindalense F.C., que siendo uno que podría no llamar la atención a primera vista, y de hecho tenías hasta que ir hasta la barra a pedir las bebidas, tenía una terraza con unas vistas espectaculares al Puente do Infante y a Vila Nova de Gaia. Era un remanso de paz, sin turistas, solo locales disfrutando tranquilamente de su tiempo. Este bar se encuentra muy cerca del funicular dos Guindais, que salva el desnivel entre la plaza de Batalha y la Ribeira, de hecho te deja justo debajo del Puente do Infante, que es como la Torre Eiffel pero en formato puente.

La terraza

La terraza “secreta”

Vista desde la terraza al Ponte do Infante

Vista desde la terraza al Ponte do Infante

El funicular dos Guindais

El funicular dos Guindais

Aparte del funicular, Oporto cuenta con una red de tranvías, muy bonitos y prácticos teniendo en cuenta las cuestas y la anchura de algunas calles. A lo largo del Duero, hay un teleférico, que se coge al final de la parte de arriba del Puente do Infante (el puente tiene dos maderos, superior e inferior) y te deja al final del paseo de Vila Nova de Gaia, justo en frente de algunas bodegas. No lo usé, pero seguro que da una vista singular de la Ribeira y de Vila Nova de Gaia.

Tranvia portuense

Tranvia portuense

Para la noche, y siendo Oporto una ciudad relativamente tranquila, nos encontramos una pequeña zona de bares, la Rua Cândido dos Reis y alrededores, cerca de la Torre dos Clérigos, con cierta animación, sobre todo en terrazas en la calle.  Recomiendo The Gin House, donde aprendí que hay muchísimas ginebras españolas que no conocía en absoluto, y Champanheria da Baixa donde, además del obvio champán, se pueden tomar macarons, très français!!

Champán y macarons

Champán y macarons

Fuera de Oporto, nos animamos a conocer Aveiro, o la llamada Venecia portuguesa (es curioso cuantas “Venecias” hay en todo el mundo). La verdad es que tiene bastante encanto y, de todas las “Venecias” que he conocido, es la que más se parece a la original. Además, se puede dar paseos en unas góndolas enormes y ver los canales y el pueblo desde otra perspectiva. Antiguamente muy cotizada por sus salinas, con multitud de ellas, actualmente solo cuenta con una pequeña porción de las de antaño, y está más centrada en el turismo. Tiene una zona peatonal bastante agradable y muchos restaurantes de pescado y marisco.

Los canales de Aveiro

Los canales de Aveiro

Góndolas en el canal

Góndolas en el canal

En resumen, siempre es un placer visitar a nuestros vecinos y espero volver muy pronto.

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Un comentario en “Descubriendo Oporto (y Aveiro)

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