Los mejores Mercados Navideños de Berlín

Acabamos de volver de pasar el puente de Diciembre en Berlín y aquí os quiero hacer un resumen de nuestra experiencia por los mejores mercados navideños de esta estupenda ciudad.

Aunque Berlín tiene muchísimas cosas que ver relacionadas con la historia, el arte, , etc (eso lo dejamos para otro post), en estas fechas se puede hacer una escapada básicamente enfocada en los mercadillos.

La mayoría de estos mercadillos están en el centro de la ciudad, aunque Berlín tiene un sistema de transporte muy eficiente con metro, tranvía y autobuses (las líneas 100 y 200 hacen recorrido por las partes más representativas, por lo que podrían usarse como un autobús turístico low cost). En este listado están ordenados según la distancia a la Alexander Platz, que tomo como centro neurálgico de la ciudad.

  • Alexander Platz

Lo más representativo de este mercado, además de que está justo debajo de la Torre de la Televisión, es su pirámide navideña gigante. Realmente es un bar debajo, donde vendían todo tipo de bebidas frías y calientes (el típico vino caliente o Glühwein, ponches con o sin alcohol, etc). También hay un carrusel de dos plantas muy bonito.

Y una estupenda pista de patinaje. El acceso costaba alrededor de 3-4 euros (incluyendo los patines), dependiendo del turno (eran de hora y media), y hay taquillas para poder dejar los zapatos, abrigos o mochilas. Alrededor de la pista había unas mesas altas donde se puede esperar tomando algo si no te atreves a calzarte los patines.

  • Rote Rathaus

Este mercado está justo al otro lado de la Torre de la Televisión, enfrente del Ayuntamiento Rojo (Rote Rathaus), un edificio precioso de ladrillo. Este es el mercadillo más completo que vimos. Tenía una noria gigante, que daba una visión panorámica de todo el mercadillo; varios carruseles (dependiendo de la edad del niño); unas sillas voladoras; un trenecito para los más pequeños ; y lo más espectacular: una pista de hielo en forma de anillo alrededor de la Fuente de Neptuno. La verdad es que era un entorno mágico, patinar alrededor de la fuente, iluminada por colores, y tener a un lado la Torre de la Televisión y al otro lado la noria gigante.

Este mercado era bastante grande, tenía muchos puestos de comida, bebida y artesanía.

  • Opernpalais

Este mercado era más pequeñito, más íntimo. Alrededor del Palacio de la Opera de Berlín, no tenía más actividades que los propios puestos, pero por eso es ideal para quien busque simplemente pasar un rato con los amigos y disfrutar de un mercado en plan tranquilo. La iluminación y el propio edificio de la Opera, le daban un aire muy bohemio e intimista.

  • Gendarmenmarkt

Como mercado navideño este es el que más me gustó. El entorno era envidiable, en un plaza rodeado por las catedrales francesa y alemana (una enfrentada a la otra, casi gemelas) y el Auditorio de Conciertos. Parecía que te habías trasladado a otra época. Había que pagar para entrar (1 euro los adultos, gratis para los niños) y se formaba un poco de cola para entrar pero merecía mucho la pena. Tiene muchos puestos, de artesanía y comida/bebida, y, a los lados, pequeños chalets para poder comer sentados más tranquilamente (y con menos frío). En uno de estos degustamos una riquísima fondue.

Tenían un escenario donde se hacían actuaciones de música regional, infantil, de humor, etc, así que era bastante entretenido. Es muy popular.

  • Potsdamer Platz

Situado en esta plaza, justo al lado del Sony Center, lo más peculiar es su tobogán de hielo gigante, donde te tiras con un flotador en plan parque acuático. Tenía también unas sillas voladoras y un carrusel, y los puestos típicos. Como entorno no era el más agradable por estar rodeado de edificios altos y modernos.

  • Gedächniskirche

Este es el más alejado al que fuimos, al final del Tiergarten, en frente del Zoo de Berlín. Lo más característico es que está justo debajo de la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, con su parte nueva y vieja. Con un ambiente bastante íntimo a pesar de estar rodeado de centros comerciales. Tenía algunas actividades para niños (mini noria), y muchos puestos con lo típico.

Lo típico son los puestos de artesanía y decoración, que son cosas muy bonitas, pero que con la globalización, las puedes encontrar en cualquier sitio ya (casi todo).

Lo más interesante, para mí, es la gastronomía, siendo lo más representativo la currywurst, o salchicha con salsa de curry. Aunque también había por todos lados codillo o unos champiñones. Por la parte dulce, además de las cosas normales tipo goffres, crepes, donuts, etc, descubrimos los quarkbällchen o buñuelos hechos con queso quark, deliciosos!!

Y para terminar os dejo con mi colección de tazas de los mercadillos. Para cada bebida tenías que dejar un depósito que te devolvían al llevar de vuelta las tazas. Bueno, a mi me gustaron y me las quedé de souvenir.

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Espero que os haya gustado este post y que os animéis a descubrir los mercados navideños de Berlin.

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Berlin con niños: una escapada perfecta

Este puente de diciembre he realizado una escapadita de 3 días completos a Berlín con mis hijos. Este es el resumen de lo que podéis ver en esas fechas y con niños que ya enteran bien de las cosas (casi 10 y 8 años). También visitamos muchos mercadillos navideños, tan típicos por esta zona, pero eso lo puedes ver en este post.

Berlín es una ciudad muy amable y preparada para ir con niños, vamos children-friendly. Llegamos hasta Tegel con Iberia y nos alojamos, como casi siempre últimamente, usando Airbnb. Elegimos la casa de Gesine, justo al lado de Alexander Platz, así que estábamos muy céntricos.

Berlín es una ciudad extensa pero con una buena red de transporte público. Obviamente, hay autobuses turísticos, pero los autobuses 100 y 200 pueden cumplir esa función en versión low cost, además de la red de tranvías y metro. Los autobuses turísticos suelen terminar muy pronto, por lo que siempre debes complementar con transporte público.

Como estábamos tan cerca de la Alexander Platz, lo primero que hicimos fue visitar la  Berliner Fernsehturm o Torre de la Televisión, donde se asciende a 203 metros en solo 40 segundos hasta su plataforma de observación para tener una vista panorámica de la ciudad de Berlín, aunque la torre mide un total de 365 metros. Dicen que en días claros se puede ver hasta 80 km a la redonda.

Recomiendo comprar las entradas online, porque, además de ser más baratas, te ahorras la cola para comprarlas y luego para entrar. La verdad es que se notan que son alemanes y lo tenían bien organizado, porque una vez compradas las entradas te podían avisar con un SMS media hora antes de que te tocara tu turno.

Justo encima de la plataforma de observación, hay un restaurante giratorio, donde se pueden tomar desde el desayuno a la cena, mientras te das una vuelta por Berlín.

Las vistas desde la Torre es espectacular  y te haces una idea muy buena de la arquitectura de cada una de las dos lados del muro además de ver monumentos impresionantes como la Catedral (abajo, con las cúpulas verdes).

La Torre tiene una historia curiosa, ya que se fue construida en los años 60 por la RDA para poder emitir la televisión pero también para hacer un alarde de fuerza y poderío comunista, ya que la torre se divisa desde casi cualquier punto de Berlín. El tema es que a cierta hora de día, cuando hace sol, se refleja de tal modo que se puede ver una cruz iluminada en la esfera, por lo que los berlineses empezaron a llamarla la revancha del Papa.

En esta época también se podían ver los mercadillos navideños, desde otra perspectiva.

Berlín está unida a la imagen del oso, lo tiene en su bandera y los hay por todos lados: unos 300 Buddy Bär, de los cuales aquí os dejamos una pequeña muestra.

Un atracción interesante para ir con niños es Legoland Discovery Center. Es para niños hasta 10 años, pero los más pequeños se lo pueden pasar pipa. Es todo a cubierto, por lo que es ideal para cuando haga mal tiempo. Se pueden comprar las entradas por la web (y te ahorras algún euro) y también se pueden comprar en conjunto con otras atracciones como el Sea Life (ver más abajo).

Se encuentra en el Sony Center, en la parada de metro de Potsdammerplatz), y a la entrada te recibe una jirafa a tamaño natural hecha de bloques de Lego. Lo curioso es que la entrada se repite luego dentro en el Miniland.

En el Miniland se pueden ver edificios representativos de la ciudad, con algunas animaciones, incluida la que muestra la caída del Muro, con sonido y todo.

Hay un cine en 4D (si, te da el vientecito y todo), una zona para construir un coche con fichas de Lego y luego tirarlo por una pendiente para ver si sobrevive, atracciones como el Dragon Ride o Merlin’s Apprentice, la Misión Espacial para pilotar cohetes o la zona Ninjago, donde se podía entrenar para ser ninja en un campo de rayos láser. También había una zona llamada Fabrik, donde explicaban como se construyen las piezas de Lego, pero la verdad es que la chica fue un poco desaboría.

Es interesante para niños pequeños, que les guste el Lego, y para pasar un rato a cubierto si el tiempo no es bueno. Para los padres está muy bien montado, tiene un bar dentro.

En la zona de la Torre de la Televisión está en Aquadom Sea Life, que la verdad es que me decepcionó un poco, aunque no es caro. Está bien para pasar un rato a cubierto y a los niños siempre les mola ver animalitos.

Lo más llamativo, además de un laberinto de espejos, es el Aquadom, una pecera en un tubo enorme, donde subes con un ascensor por el centro. El Aquadóm está, para ser aún más curioso, en el hall del hotel Blu Radisson.

Desde Potsdammerplatz, tomamos dirección norte, por Ebertstrasse, y llegamos al Monumento al Holocausto. La verdad es que es impresionante como una cosa tan simple (unos simples bloques de hormigón de diferentes tamaños, alineados, en una gran explanada) pueden hacerte sentir tanto. Para los niños fue un gran divertimento, era un laberinto, pero, si sientes el significado, es abrumador.

Siguiendo más al norte por ella calle, llegamos a la Puerta de Brandenburgo, a la que también se puede llegar por la parada de metro que lleva su nombre o por el autobús 100. La Puerta es eso, una puerta, y daba acceso a la ciudad. En la época del Muro quedó en tierra de nadie y por eso fue un gran símbolo de la reunificación, sobre todo por la restauración de su cuadriga.

Justo al lado está el Reichtag o Parlamento Alemán, con su gran cúpula de cristal, que se puede visitar bajo petición.

En la Puerta de Brandenburgo empieza el Tiergarten, el parque más famoso de Berlín, y justo al final, al lado del Zoo de Berlín, está Iglesia Memorial del Kaiser Wilhem o Gedächtniskirche, que realmente son dos edificios. El antiguo, una preciosa edificación del XIX que quedó parcialmente destruida en la Segunda Guerra Mundial por fuego aliado. La torre medía 113 metros y era el edificio más alto de Berlín en la época.

Después de la Guerra se pensó en reconstruirla pero finalmente ganó un proyecto donde se construía otro edificio, una torre toda hueca, cubierta de placas azules, que es una espectacular iglesia. No pudimos verla por dentro porque estaba en obras, pero si vimos la antigua que tiene unos mosaicos en la entrada.

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Justo al otro lado de la ciudad, se puede visitar la East Side Gallery,  el trozo de Muro de Berlín más largo, que se ha convertido en una exposición al aire libre. Durante el derribo, un artista alemán tuvo la idea de convertirlo en un museo de arte urbano al aire libre, y así nació esta galería de 1316 metros con más de 100 obras de artistas de todo el mundo.

Las obras no se cuidaron mucho y 20 años después de su construcción se pidió a los artistas que las hicieran de nuevo, algunos se negaron alegando que debían haberlas cuidado mejor.

Nuestro recorrido fue ir hasta la parada de metro de Warschauer Strasse y ir andando hasta la de Ostbahnhof, siguiendo todo el Muro, pero se puede hacer en sentido contrario.

En ese recorrido nos encontramos justo al comienzo de la East Side Gallery el Oberbaumbrücke, que cruza el río Spree.

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Algunos datos del Muro: fue construido en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 y estuvo en pie 28 años hasta el 9 de noviembre de 1989. Fue levantado por la RDA para evitar que los ciudadanos del Este emigraran al Oeste. El Muro tenía 160 km, de los cuales 45 dividían Berlín y el resto separaba la parte Oeste de la RDA.

El Muro separaba las dos partes de la ciudad y del país, y ninguna de las dos partes podía viajar al otro lado. Luego se fueron relajando las condiciones y se permitía a ciudadanos del Oeste visitar a sus familiares del Este (hay que tener en cuenta que el Muro se construyó en una noche, dejando a familias separadas). Había 3 puntos de control para pasar de un lado al otro: Alfa, Bravo y Charlie.

Todos hemos visto imágenes en televisión de la caída del Muro, con ciudades de ambos lados, golpeando con todo lo que tenían en su mano. Fue un alivio para Alemania y todo un símbolo para el mundo entero.

En la calle Friedrichstrasse se puede visitar el mítico Check Point Charlie, el único que ha sobrevivido, y donde hay varias exposiciones y actividades sobre el Muro en sus alrededores. Te puedes hacer fotografías con personas vestidas con los uniformes de la época,  sentir cómo pasas de un lado al otro.

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Al terminar la visita a la East Side Gallery en Ostbahnhof, se puede coger la Strasse der Pariser Kommune hasta la Karl-Marx Allee (también se puede ir desde la parada de metro Weberwiese) para ir al Museo de los Videojuegos o Computer Spiele Museum.

Si tú o tus hijos sois unos frikis de los videojuegos desde luego que merece la pena. No solo se ven muestras de consolas y ordenadores desde siempre (empezando por postales con las que se jugaba al ajedrez a distancia) sino que es muy interactivo y se puede jugar a multitud de juegos retros, muy retros, hay una zona de Arcade y también una muestra de la llegada de los videojuegos a los hogares.

También puedes conocer la historia de videojuegos míticos o ver curiosidades de algunos de ellos. Yo, además de rememorar mi adolescencia jugando al Tetris, me frustré mucho por no conseguir pasar de la primera pantalla del Space Invader, y me reí un rato con un juego donde se escribían comandos con MSDos. ¡Qué tiempos aquellos!

Para terminar, uno de los personajes más significativos de Berlín, el Ampelman, que no es otra cosa que el hombrecillo de los semáforos, en su versión roja o verde. Es toda una institución en Berlín, como muestra que tenga tiendas dedicadas totalmente al peculiar  muñeco. Nosotros encontramos dos, una al lado del hotel Blu Radisson y otra en la plaza Gendarmenmarkt.

Espero que os haya gustado nuestra información, que la encontréis útil y que os animeis a conocer esta maravillosa ciudad.

 

 

 

 

 

 

Las Arribes del Duero o acantilados tierra adentro

Las Arribes en su parte salmantina, los Arribes en su parte zamorana y Las Arribas en su parte portuguesa: diversas denominaciones para referirse a un ecosistema de gran valor y riqueza natural, tanto en cuanto a su paisaje como a su fauna.

Esta bella zona se reparte entre las provincias de Salamanca y Zamora, en España, y los distritos de Braganza y Guarda, en Portugal. Y, aunque el Parque Natural se denomina de las Arribes del Duero (o del Duero Internacional, en su vertiente portuguesa), realmente hay arribes del Duero, del Águeda, del Ucés, del Esla, del Huebra y del Tormes.

Arribes viene a significar “orilla”, las orillas de estos ríos que forman vertiginosos cañones y espectaculares gargantas que sirven de refugio a una larga lista de especies animales y vegetales.

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A nivel paisajístico, destaca la variedad y el contraste. Por un lado, propio de las llanuras castellanas, se pueden ver los campos de cereal y encinas; mientras que los cortados que se adentran en las Arribes están dispuestos en escalones que forman cultivos de naranjas, olivos, vides y almendras, un paisaje totalmente mediterráneo. Esto se debe a que los cañones que pueden llegar a ser de varios centenares de metros de bajada (unido a la continuación del mismo debajo del agua) hacen que la temperatura baje varios grados según nos acercamos al agua, dando lugar a unas condiciones de humedad y calor más propios del Mediterráneo que permiten el cultivo de estas especies.

Ambas orillas han sido ampliamente explotadas por los dos países tanto para los cultivos como para leña, a pesar de lo inaccesible, por lo que tenían que usar animales y no maquinaria. Como toda zona fronteriza, además, es famosa por el contrabando y las astucias de los contrabandistas para sortear la vigilancia de los guardias.

Una de las principales atracciones para realizar en esta zona es un crucero o ruta por el Duero. Hay varias compañías, repartidas por el cauce, pero nosotros nos decidimos por, quizás, la más conocida, y, según nos dijeron, la que hacía la ruta más bonita. El Corazón de las Arribes sale todos el año en un catamarán todo acristalado con capacidad para 100 personas. Dura una hora y media e incluye una guía que, personalmente, me pareció buenísima porque lo contaba todo muy claramente, con humor, pero dando mucho detalle y concisión. Realmente recomendable. Se puede hacer la reserva online.

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Este barco sale de Playa del Rostro, en Corporario, cerca de Aldeadávila de la Ribera. Para llegar a esta playa tienes que ir hasta Corporario y ahí coger el desvio que pone “playa del Rostro” y “Crucero”, e ir bajando todo el cañón por una carretera ondulante y empinada. Aquí te das verdadera cuenta de las dimensiones de las Arribes, ya que se baja durante un rato.

La excursión llega hasta la Presa de Aldeadávila, por lo que en total son 22 k entre la ida y la vuelta. Es curioso porque el rio hace de frontera natural entre los dos países, por lo que un lado del rio es España y el otro Portugal, y también se ve la diferencia entre la solana y la umbría de la arribe, que se nota especialmente en la vegetación, pero también en las zonas de nidificación de las aves rapaces que son muy abundantes. Vimos varios nidos de águilas con sus polluelos, un ejemplar de la huidiza cigüena negra y muchísimos buitres, ya que en un peñón del lado español había una buitrera, muy frecuentes por esta zona.

La riqueza ornitológica de las Arribes es otro de sus principales atractivos. No solo cerca de los ríos, sino también en las dehesas se pueden avistar un gran variedad de aves rapaces. Es complicado ir en el coche y no fijarte en la majestuosidad de las águilas o ver los buitres volando en círculos, usando las corrientes de aire caliente.

No lejos de Aldeadávila nos encontramos con el increíble Pozo de los Humos, una cascada de 50 metros de altura ubicada en el curso del rio Uces, que se puede admirar desde los pueblos de Masueco y Pereña. Desde Masueco se llega a lo alto de la cascada, además de ver toda la caída se puede escuchar el estruendo del agua cayendo. Para ir por este lado, hay que dejar el coche en un parking y andar un buen trozo por un terreno un poco escarpado. Si queremos trotar menos, podemos ir desde Pereña, donde dejamos el coche en otro parking y se andan escasos 10 minutos hasta un mirador donde se ve la cascada de frente, admirando toda la cola. La vista es preciosa, pero da un poco de miedito porque no hay ningún elemento de seguridad y el canón es bastante alto.

Otro bonito paseo nos lleva hasta el Mirador del Fraile, al que se llega desde Aldeadávila. Este mirador se situa justo encima de la presa, donde se puede admirar toda su grandeza y el desnivel impresionante de la Arribe. Como está en frente del Peñón de Felipe, donde hay una buitrera, el paso de aves es constante y es ideal para avistarlas.

Una pequeña excursión muy recomendable es la del Castro de las Merchanas, en Lumbrales. Desde esta localidad, se coge dirección Bermellar y a unos 4 km sale un desvío a la derecha bien señalizado. Seguir con el coche hasta el pequeño aparcamiento y desde ahi parte una senda que actúa como un paseo museizado. El castro vetón, del siglo II a.c. y habitado hasta el siglo V d.C, muestra muy claramente la muralla exterior. Por el camino se ven varias estelas vetonas y también un molino justo al lado de un bonito río.

Para visitar algún pueblo recomiendo San Felices de los Gallegos, en la misma frontera. No en vano perteneció a Portugal durante un breve periodo de tiempo. En su plaza mayor, destaca la iglesia del siglo XVI.

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Lo más bonito es el Castillo, del siglo XIII y XIV, que alberga actualmente un centro de interpretación de las fortalezas de frontera. Está muy bien la Torre del Homenaje, rehabilitada en 1990, y algunas murallas y almenas.

En el interior se encuentra una recreacion del castillo, la historia del pueblo y también de las fortalezas de frontera.

Las vistas del pueblo y de la vega desde el castillo son preciosas.

Este pueblo, declarado conjunto histórico-artístico, guarda pequeños grandes tesoros como esta pequeña ermita.

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O las Torre de las Campanas en la plaza del Grano, espadaña de una antigua iglesia.

Junto con la entrada al Castillo se puede comprar una entrada conjunta al Museo del Aceite Lagar del Mudo, un pequeño museo, galardonado con la Medalla Europa Nostra por su cuidada rehabilitación. Se trata de un antiguo lagar del siglo XVIII, que fue abandonado sobre los años 50 del anterior siglo. Los nuevos dueños decidieron rehabilitarlo y abrirlo como museo. La exposición es muy completa y didáctica.

De vuelta a Madrid realizamos una pequeña visita a Salamanca, dando un largo paseo por su rúa mayor hasta llegar a la Casa de las Conchas, junto a la Clerecía.

También estuvimos un rato en la portada de la Universidad, en la Plaza de las Escuelas Menores, buscando la rana, que lograron encontrar con un poco de ayuda.

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En la precios Plaza Mayor se puede hacer una parada de avituallamiento en algunas de sus agradables terrazas,. Recomiendo ir a tomar los deliciosos y elaborados pinchos de Bar Cervantes, en una de las esquinas de la plaza (la más cercana a la rúa Mayor). Justo detrás de la Plaza, en ese lado, se encuentra el Mercado, donde se puede comprar el riquísimo embutido de la zona. Lo venden envasado al vacío, loncheado, en la charcutería Rivas.

Tambien nos acercamos a la zonas de las Catedrales, la Vieja y Nueva, donde se puede uno entretener un rato buscando un astronáuta. Se pueden visitar a las torres de la Catedral en la exposiciñon llamada Ieronimus. El acceso es por una de las torres de la Catedral Vieja.

En la monumental Plaza de Anaya habia una exposición al aire libre Henry Moore.

Espero os guste y os sea útil esta entrada para poder planificar vuestra excursión a este paraíso que son las Arribes.

Termalismo con niños: nuestra visita al Hotel Balneario Sicilia

Siendo una gran aficionada a los Spas y al termalismo, no podía dejar pasar más tiempo antes de introducir a mis hijos en este saludable hábito.

Buscando balnearios que tuvieran servicios para niños por la zona del Monasterio de Piedra, ya que quería conocerlo también, me encontré con el Hotel Balneario Sicilia, que está muy bien organizado y pensado para familias de todo tipo, y, sobre todo, con niños.

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Se encuentra en la localidad zaragozana de Jaraba,a  125 km de Zaragoza y 200 Km de Madrid, lo que lo hace una escapada perfecta. El hotel, bastante grande, con unas 100 habitaciones, está encajado entre el rio Mesa y una pared de roca, que le aporta un toque muy característico, sobre todo en la parte termal.

Las habitaciones eran cómodas y muy amplias, con una terracita, desde donde se veía el frondoso bosque que rodea todo el complejo, y la cama supletoria era una cama “de verdad”. El baño estaba muy bien equipado, con bañera y ducha por separado. y tenía todo lo necesario como productos de cortesía.

Tiene animación para niños, ludoteca, gratuita, y varias actividades, como cine para niños por la tarde y para los adultos, por la noche, así como disco infantil y baile.

También hay piscina de verano y pistas deportivas, que estaban al otro lado de la carretera. Se podían alquilar bicicletas gratuitamente y tenian wifi libre en todo el hotel. Se pueden pasar unos cuantos días de relax sin aburrirse.

El parking era muy amplio, aunque era de tierra y no todos podíamos aparcar bajo sombra (al coger el coche estaba que echaba humo).

El comedor tenía unas bonitas vistas también al bosque y para comida y cena se hacía como menú, y el desayuno era de buffet, quizás un poco corto para un hotel de 4 estrellas, pero correcto. Como no estuvimos mucho tiempo tampoco nos aburriemos de no tener mucha variedad.

Lo más característico de este hotel es, por supuesto, su área termal. La llamada “cueva termal” es su piscina principal, pero pegada a una pared inclinada de roca, lo que le daba ese aspecto de cueva. Tiene acceso directo al exterior por un pequeño tunel. En la piscina había varios sitios con “chorritos” y cascadas y un jacuzzi. El agua estaba calentita pero sin estar tan caliente como en otros sitios que hace que a la media hora tengas la tensión por los suelos. Se tiene acceso ilimitado por la mañana y te asignan una hora por la tarde. A los niños no había quien los sacara de ahí.

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Aparte de tener acceso a la piscina, lo que más me gustó de este balneario para niños es que tienen tratamientos específicos para ellos. Además de masajes infantiles (los haces con el padre/madre delante para explicar técnicas y que puedas hacerles tu  en casa) y tratamientos para dolencias respiratorias (bajo supervisión médica), la “estrella” es su circuito llamado Jardin Termal, adaptado a niños. Mis hijos lo hicieron antes que yo y me contaban cosas como “se escuchaba música debajo del agua”, “me tiraron un cubo de agua helad encima”, “pasabas por agua fría y caliente”, “la sala de los espejos”, etc, pero hasta que no lo hice yo no pude entender claramente a lo que se referían.

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En primer lugar, explicar que se llama Jardín Termal porque todas las salas son abiertas al exterior con grandes ventanales, hacía la zona de la pared de roca, con diferentes paisajes para disfrutar no solo con el cuerpo sino con la vista. Se entra por grupos de 5-6 personas y te van guiando los profesionales que te van explicando cada paso.

Se empieza con unos canales de agua fría y caliente, con pediluvios, para activar la circulación de las piernas. Luego se pasa a la piscina de relajación, que fue realmente una gozada. Te pones unos “churros” de piscina bajo el cuello y en las piernas y te dejas flotar cual champiñón en un bol de agua. Lo especial era que debajo del agua se oía una música relajante que no se escuchaba fuera del agua. Fue una experiencia realmente relajante que solo había disfrutado antes en las cámaras de relajación donde estás tu solo. Después llega el turno de la sauna seca, con una vista preciosa a un campo de lavanda escalonado en la roca. Al salir de la sauna puedes ducharte o echarte el famoso cubo de agua helada por encima y ya sales como nuevo.

En el paso siguiente, te llevan a la piscina de tonificación, donde te tumbas en unas tumbonas de obra corridas encima de unos potentes chorros que te dan una paliza en la espalda. Lo curioso es que los chorros iban cambiando, alternándose, y no daba todo el rato en el mismo sitio. Esta es la sala de los espejos en el techo que contaban mis hijos, ya que tiene unas placas metálicas colgadas del techo, donde te veías reflejado aunque también bastante deformado. La pared acristalada da a un precioso patio con bambús.

Seguido se pasa a la terma húmeda, con una pared toda de roca, y con plantas aromáticas de la zona, tomillo y lavanda, puestas directamente encima de la fuente de calor por lo que la aromaterapia era totalmente natural. Salí de ahi acalorada pero con las vías respiratorias perfectamente despejadas.

Y se acaba con el baño japonés, donde simplemente te metías y descansabas, pero duró muy poquito esta parte ya que nos estaban esperando con un zumo al final.

Y esto es lo mismo que hacen los niños pero adaptado para ellos en cuanto a temperaturas y tiempos. Mis hijos salieron encantados y ya se han hecho fans indiscutibles del termalismo.

El centro tiene muchos otros tratamientos y técnicas, yo disfruté de un masaje antiestres con aceites, muy agradable y placentero.

Y por lo demás, la zona tiene muchas posibilidades, el bosque del mismo balneario, o hacer una ruta de 7 km por las hoces del Mesa, o visitar el nacimiento del rio Piedra en los Ojos de Cimballa. Y como no, el famoso Monasterio de Piedra, al que dedico otra entrada.

Espero os animeis a iniciar a vuestros hijos en el termalismo, que todos necesitamos relajarnos.

Monasterio de Piedra o el canto del agua

Una excursión muy recomendable a sólo dos horas de Madrid es el maravillo Monasterio de Piedra y su precioso parque natural, en la provincia de Zaragoza, en concreto en el municipio de Nuévalos.

Se puede ir hacer una excursión de un día o pasar algunos más por la zona alojándose en algunos de los Balnearios de Aragón, como el Hotel Balneario Sicilia.

Las entradas se pueden comprar por Internet y además de ahorrarte un 10%, no tienes que hacer la cola allí. Hay un parking gratuito de tierra bien grande.

Antes de entrar al parque en sí, hay dos restaurantes, uno más serio y otro con platos combinados y menú. También hay un merendero por si prefieres llevar tu propia comida, un parque infantil bastante chulo, y una tienda de souvenirs.

Una vez pasado el torno de entrada tienes la oportunidad de hacerte las típicas fotos de grupo y también con un buho enorme que encantó a mis hijos, y así de sonrientes salieron en las fotos.

Después de andar unos minutos siguiendo las flechas azules, llegas a la primera maravilla: una cascada llamada el Baño de Diana, y justo detrás se ve la cascada Caprichosa.

Unos pasos más adelante, nos encontramos con el Lago de los Patos (aunque no vimos ninguno) y justo en frente la cascada de la Trinidad.

Luego empieza una subida que pasa justo encima de la cascada Caprichosa, hasta los Vadillos, una zona con varios pequeños saltos de agua, formados por la acción del agua sobre la piedra caliza.

Y llegamos a los Fresnos, más cascadas en varios escalones.

Bajando unos escalones, desembocamos en la cascada Iris, junto al rio Piedra, que da comienzo a una de las partes más divertidas de la visita.

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A través de la gruta Iris se accede a la cascada Cola de Caballo, la más alta del parque (más de 50 metros) y espectacular. Se ve desde un lateral, y luego se llega a una cueva donde chorrea agua del techo (llevar impermeable en época menos veraniega), y donde se ve la cascada justo desde detrás. Luego a través de otra gruta se llega al exterior.

El parque está lleno de grutas, ya que la piedra caliza se moldea fácilmente con el efecto del agua.

A la salida de la gruta debajo de la cascada Cola de Caballo, se puede seguir la ruta hacia la derecha o parar un rato en el merendero, donde hay bocacillos, bebidas y helados, un parque infantil y un área de cesped para descansar los cansados pies.

A la derecha, como he comentado, se sigue la visita, hacia el centro de piscicultura, el primero en España, donde se veían buenos ejemplares de peces de la zona, pargos, truchas, etc. Aunque antes se ve una majestuosa vista completa de la cascada Cola de Caballo.

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Más adelante se llega al tranquilo y exhuberante Lago del Espejo.

Y a los Chorreaderos, donde parecía que la montaña estaba agujereada como un queso gruyere.

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Luego se vuelve tranquilamente por el bosque a la zona de la entrada.

Varias veces al día, dependiendo de la temporada, hay una exhibición de aves rapaces, tanto autóctonas como de otras zonas, y fue muy interesante, aunque en verano es aconsejable evitar sentarse al sol porque era horrible como pegaba. Dura media hora la exhibición.

Antes o después de la visita al parque se puede visitar el Monasterio también. Como explicación breve de su historia, fue fundado en el siglo XII por unos monjes provenientes del Monasterio de Poblet, y estaba consagrado a Santa María la Blanca. En las desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, pasó a manos privadas. Los dueños usaron convirtieron el monasterio en un hotel spa, y las huertas en jardines.

El claustro es especialmente bello.

Aunque me cautivó más la iglesia anexa, en ruinas.

El Monasterio incluye también un museo del vino, con aperos de labranza, y dedicado a la D.O. de Calatayud, y un museo del chocolate, ya que dicen que en las cocinas de este monasterio es donde se cocinó por primera vez el cacao en Europa.

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En definitiva, una visita sencilla, cercana y espectacular.

Risotto de champiñones

Si os apetece hacer un delicioso, fácil y sano risotto de champinones, aquí os dejo mi receta.

Necesitarás para dos personas:

  • 200 gramos de arroz redondo
  • 1 litro de caldo de pollo o verduras
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 1 zanahoria grande o dos pequeñas
  • Unos 200 gramos de champiñones frescos o en conseva, pero de calidad
  • 50 gramos de queso rallado Parmesano
  • 30 gramos de mantequilla
  • aceite, pimienta y sal

En una cazuela amplia echa un fondo de aceite y ponlo a calentar. Incorpora la cebolla y los ajos muy finamente picados los dos y póchalos. Añade la zanahoria cortada en trocitos pequeños y sofríe también. Unos minutos después incorpora los champinones que deben estar cortados en láminas pero no muy delgadas.

Mientras que has ido sofriendo la verdura, debes poner el caldo a calentar en otra olla.

Cuando la verdura este pochada, añade el arroz y saltéalo un par de minutos. Añade un poco de sal y pimienta al gusto (cuidado con la sal porque más tarde se incorpora el queso que es salado). Y luego ve añadiendo el caldo caliente, poco a poco, dando vuelta que para que se vaya absorviendo por el arroz. Según se va quedando sin caldo, se va añadiendo más caldo. Se debe estar removiendo todo el rato para evitar que se pegue. Así hasta que el arroz esté en su punto (suelen ser unos 12 minutos, pero mejor probar). Justo entonces se le añade el queso rallado y la mantequilla, y se mueve todo para que se incorpore al arroz. Una vez esté la mezcla uniforme, se ha terminado y se debe comer inmediatamente para saborearlo en su mejor momento.

¡Espero que os guste!

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Marrakech a través de los cinco sentidos

Cuando aterrizas en Marrakech y te cuelas en su Medina sufres una avalancha de sensaciones que afectan a todos los sentidos. En primer lugar, parece que hubieras usado una de las puertas del Ministerio del Tiempo y hubieras retrocedido varios siglos: las construcciones, las gentes, las ropas, los medios de locomoción, etc, no concuerdan con lo que estamos acostumbrados a ver en Occidente, lo que constrasta con el batallón de antenas parabólicas que se pueden ver en los tejados.

Marrakech es única, puede parecer muy turística pero lo increíble es que todo, su famosa plaza Yamma El -Fna y sus zocos, no están puestos para el turista, ya que los locales disfrutan de sus maravillas todos y cada uno de los días. Los marraquechíes son muy “callejeros”, viven mucho en la calle, sobre todo con la puesta de sol y hasta horas más tardías de lo que estamos acostumbrados aquí. No puedo dejar de recomendaros que la visiteis y aquí os dejo unas recomendaciones fruto de mi viaje reciente allí, donde me apoyé en la pequeña guía de Lonely Planet “Marrakech de cerca”.

Sobre las practicalities, viajábamos con Rynair, que tiene vuelos muy baratos, y nos alojamos en el Riad Hadda, que reservamos a través de Airbnb. Estaba justo a la salida de la Medina, por lo que había que andar unos 10 minutos hasta la Plaza Yamma El-Fna, pero era un remanzo de paz y el personal fue muy amable y atento.

Se puede reservar el transfer desde y hacia el aeropuerto desde el riad y, aunque es más caro que cogiendo un taxi o un bus, es más directo y te aseguras que no te vas a perder. Dentro de la Medina todo es accesible andando y fuera de ella, si quieres ir a algunos de los jardines o a la Ville Nouvelle, la parte moderna, puedes desplazarte en taxi que son baratos.

Aquí comienza nuestro viaje por los sentidos:

Vista: Marrakech es color, sobre todo en sus zocos, llenos de babuchas, caftanes, bolsos y otros complementos de cuero, cerámica, especias, aceitunas de varios colores, incluso rosas.

Los zocos con un espectáculo en sí, más allá de las ganas o intención de comprar, que también se puede, lo atractivo es el ambiente, las cosas curiosas que puedes comprar y la dinámica del regateo, un verdadero arte que se aprende en las escuelas de comercio. Algunos zocos están al aire libre pero otros están tapados con entramados de caña o incluso con techumbres de madera. Perderse es más fácil en este laberinto de callejuelas, plazoletas, tiendas con doble entrada, pequeños recovecos.

Puedes acceder a los zocos desde la omnipresente plaza Yamma El-Fna, el centró neurálgico de todo el espectáculo. Desde ahi, te encuentras con el primer zoco, donde están los vendedores de aceitunas, que las tienen expuestas de una manera muy apetecible. Aquí puedes adquirir los famosos limones confitados, que usan en la elaboración de la tangia, de la que hablaré más adelante. También hay vendedores de frutas secas, siendo reconocidos los dátiles de la zona.

Por la zona de la plaza de las Especies (Place des Epices) se encuentra una pequeña plaza que antiguamente fue un mercado de esclavos y que ahora ocupa un mercado de ropa de segunda mano. En las calles adyacentes se pueden encontrar pieles reales de cebras, antílopes, jirafas, leopardos, púas de puerco espín, y también animales vivos como camaleones, lagartos o tortugas, e incluso lechuzas.

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Otro de los atractivos de los zocos son sus tiendas de alfombras y tapices, que llenan las paredes de color y alegría. En algunas plazas de los zocos se pueden encontrar pequeños bares con terrazas en sus azoteas que permiten tener una bonita vista de la actividad de la calle.

En definitiva, la experiencia es los zocos ya sola bien merece la visita a Marrakech, es como entrar en otro mundo, lleno de color y cosas por descubrir. Lo que también es una experiencia en sí es tratar con los vendedores, que pueden llegar a ser verdaderamente insistentes y embaucadores. Te puedes agobiar un poco al principio porque basta que fijes tu vista unos segundos en un producto para que ya te metan en el puesto y te empiecen a regatear. A algunos les molestaba mucho que les ignores pero es que no es posible pararse en todos y cada uno de los puestos. Otra treta de los vendedores es no darte un precio desde el principio, sino intentar que vayas metiendo más y más cosas en la cesta de la compra con la promesa de que luego te harán un precio conjunto. El tema es que quieren venderte toda la tienda.

Si estás dispuesto a gastarte solo un poquito más pero quieres ahorrarte todo el agobio, el regateo y la insistencia de los vendedores de los zocos, te recomiendo visitar el Ensemble Artisanal, fuera de la Medina, justo en frente del Cyber Parc (un parque donde puedes tener conexión a Internet). Allí, además de poder ver a algunos artesanos trabajando, los precios son fijos. La verdad es que era un remanso de paz, tiene también una cafetería donde reponer fuerzas, y se puede comprar muy a gusto. También te puede servir para hacerte una idea de los precios justos, porque algunos vendedores de los zocos te pueden soltar una verdadera burrada en su primer precio y solo 2 minutos después habertelo bajado a una quinta parte.

Obviamente, una gran experiencia visual en Marrakech es la declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, la plaza Yamaa El-Fna. Hay varios sitios desde donde se puede tener una panorámica maravillosa pero estas fotos están tomadas desde el Balcón del Gran Café Glacier. Es obligatorio pagar una consumición para poder acceder a la terraza, pero las vistas merecen mucho la pena.

Olfato: Marrakech es un batiburrillo de olores. No sólo por la comida, como veremos más adelante. Los zocos están llenos de especias, siendo la más característica la mezcla Ras- el-hanout, que sirve para hacer mucho de sus platos típicos como el tajín o el couscous, y que, según los vendedores, lo usan las mujeres que no saben cocinar (debe de ser porque las que sí saben se hacen sus propias mezclas). El té verde con menta es otro de los olores que lo impregna todo.

Muy típico de esta zona es el aceite de argán, extraido de la almedrás de los frutos secos del argán, que vale tanto para cocinar (cuando está tostado, con un olor más intenso) como para uso cosmético (no se tuesta y en prensa en frío, con un olor más delicado). Lo venden por todas partes y hay que tener cuidado con la calidad. No es un producto barato de por sí, es escaso y cuesta su producción, por lo que desconfía de los precios excesivamente baratos. Cosméticamente es una maravilla ya que vale tanto para el pelo como para el cuerpo.

Otra curiosidad son los pequeño jaboncitos de ambar, que se pueden usar para el cuerpo pero también para los cajones, aromatizándolos y evitando los insectos.

Gusto: La gastronomía es uno de los platos fuertes (nunca mejor dicho) de Marrakech. Se puede empezar el día en la plaza Yamaa El-Fna tomando un zumo de naranja recién exprimido en algunos de los muchos puestos. El precio es extraordinariamente barato, 4 dirhams, que no llega ni a 50 céntimos. También se pueden tomar zumos multifrutas por 10 dirhams. Los precios eran exactamente iguales en todos los puestos. Los vendedores, normalmente muy amables, te intentan captar desde el puesto saludándote.

En la misma plaza, cuando la tarde cae, empieza su transformación en un gran restaurante callejero. Se despliegan cocinas y mesas, con camareros a la caza y captura de los clientes. Son realmente insistentes y se enfadan si los ignoras. Hay que mentalizarse antes de adentrarse entre los puestos. Finalmente, nos decidimos por uno donde tomamos couscous y la típica tangia. Sencillos pero muy ricos.

Cerca del zoco el Jeld, te puedes encontrar el increíble restaurante Le Jardin. Tiene una puerta a una calle principal, pero tiene también una posterior muy escondida, que parece que estás entrando en algún sitio clandestino. Dentro esconde un verdadero oasis. Un patio lleno de vegetación alrededor del cual se presentan las mesas. El precio es más elevado que otros restaurante pero muy asequible para los españoles, por lo principalmente tenía clientela extranjera (turistas y expatriados).

Pedimos pastilla, el típico hojaldre relleno de pichón y especiado con canela, couscous de pollo, y una deliciosa tarta de queso con gengibre, que no había probado nunca.

Haj Mustapha, justo en el zoco de las aceitunas, es un sitio muy auténtico y local. Por unos pocos dirhams se puede disfrutar de una tangia, carne de cordero especiada y con limones confitados, hecha muy lentamente en un recipiente de cerámica al calor de un hamman. El local era sencillo pero muy agradable.

Y sobre todo tenía una vista espectacular sobre el zoco, que a esa hora era todavía un hervidero de gente, turistas pero sobre todo locales.

Otro restaurante recomendable, aunque sea muy turístico, es Chez Chegrouni, en la misma plaza Yamaa El-Fna, justo en frente de la mezquita. Tiene una terraza muy agradable, los precios son buenos y la calidad muy aceptable. Interesante comer en las mesas que dan justo a la plaza e ir viendo el devenir diario de la misma: los niños que van y vienen del colegio, las madres haciendo la compra, chavales haciendo piruetas a cambio de unas monedas, personas ganándose la vida ofreciendo multitud de cosas a los turistas, etc.

Por supuesto no puede faltar en el apartado dedicado a la gastronomía marroquí, los deliciosos pasteles árabes. Los hay en multitud de sitios, pastelerías o restaurantes. Yo recomiendo, para una experiencia diferente, la Pasteleria Dounia, en el zoco Semmarine, donde puedes comprar los pastelitos normales y también con formas y colores de frutas y verduras muy atractivos.

Oído: Y Marrakech es bullicioso y jaleo. El mayor exponente de esta jolgorio es la plaza Yamma El-Fna. Solo a primera hora de la mañana está más tranquila, luego empieza a llenarse de gente, de los más variopintos estilos: Músicos y bailarines tocando instrumentos y bailando, gente haciendo juegos con botellas de refresco, vendedores que exponen sus productos en el mismo suelo, mujeres con jeringas llenas de henna o alheña dispuestas a tatuarte las manos.

Pero lo que llama poderosamente la atención son los encantadores de serpientes. Tienes que estar atento y escuchar la música de sus flautas o de repente puedes pisar a alguno de los asombrosos especímenes que hay por el suelo. También hay monos, vestidos con trajecitos, para hacerse fotos con los turistas, pero, sinceramente, me daban muchísima pena porque estaban atados y se les notaba muchísimo que no querían estar ahí.

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Las calles de la Medina son también un verdadero bullicio: no parece que haya una izquierda o derecha para conducir, y aunque no haya coches, te puedes encontrar bicicletas, motos, coches de caballos o burros, en el mismo espacio que comparten los transeuntes. Hay que estar muy atento para no ser arrollado por alguno de los vehículos.

Otro de los momentos sonoros de esta ciudad son las llamadas a la oración que realizan los muecíes desde los minaretes o almínares de las mezquitas cinco veces al día. Ponen un toque místico a ese rato, y si coincides en alguno de esos momentos pasando cerca de una mezquita, verás como los hombres incluso se colocan en la calle con sus alfombras y se ponen a rezar. La mezquita más conocida, cuya torre es la más alta de la ciudad, y se ve casí desde cualquier parte, es la Kutubía, que dicen que sirvió de modelo a la Giralda de Sevilla.

Y a igual que Marrakech es bullicio también es paz, se pueden encontrar verdaderos oasis llenos de tranquilidad a unos pocos paso del más estrepitoso escándalo. Paseando por la rue Mouassine nos topamos el Cafe Arabe, al que accedimos por unas escaleras. No podíamos creer lo que nos encontramos: una terraza, estilo chill-out, que a esas horas de la tarde era un remanzo de paz. Por la noche debía ser mucho más animada, ya que vimos que todas las mesas estaban reservadas. No obtante, el sitio era precioso y tenía unas vistas espectaculares de los tejados de la ciudad.

Parecido nos pasó con Le Salama, en la rue des Banques, justo al lado de la plaza. Entramos para tomar algo fresquito y descubrimos una agradable y bonita terraza con unas vistas preciosas. Por la noche tenían espectáculo gratuito de danza del vientre y volvimos a tomar unos cócteles (no en todos los restaurantes y bares sirven alcohol).

En plan más sofisticado recomiento el Piano-bar Les Jardins de la Koutoubia, el bar de este lujoso hotel de 5 estrellas, situado justo al lado de la plaza. Las mesas estaban en torno al jardín de la piscina y era un espacio mágico a pocos pasos del mundanal ruido.

Tacto:  No se puede marchar uno de Marrakech sin probar los maravillosos hammans. Los tradicionales son válidos para una experiencia más auténtica, son muy baratos y compartes con los locales, pero tienen horarios separados para hombres y mujeres. Los nuevos hammas son más al estilo spa occidental, más caros, pero asequibles para un presupuesto español, pero manteniendo el toque y las tradiciones árabes. Recomiendo el Medina Spa, que tienen un plan para parejas, donde primero te dan un baño tradicional, usando el jabón negro y la kessa, o guante exfoliante, y el rassoul, un barro muy hidratante. También te lavan el pelo y la cara. Es toda una experiencia: una señora venga a frotarte y echarte cubos de agua fría y caliente. Sales un poco acelerada pero menos mal que luego hay un masaje de una hora muy muy relajante. Al finalizar te agasajan con un delicioso te (y te regalan el guante para que lo uses en casa). No había tenido la piel más suave en mi vida.

Para experiencias más culturales, se puede visitar la Madraza Ali Ben Youseef, la Maison de la Photographie, el Palacio de la Bahia, el Jardin Majorelle y las Tumbas Saadies. Y pasear por los Jardines de la Menara, muy concurridos los domingos por las familias locales. Pero este viaje ha sido por los sentidos.

Y Marrakech está lleno de gatos, los hay por todas partes, de todos colores y edades. Aquí os dejo unos ejemplos.