Cena mexicana en casa

¿No se os ocurre que hacer para cenar una noche de fin de semana que sea en si un plan divertido y especial? ¡Preparad una noche mexicana! Este menú, además, vale tanto para cenas de adultos como cuando hay niños, solo hay que personalizarlo un poco.

El menú consiste en:

  • Nachos con queso y frijoles
  • Fajitas
  • Guacamole y salsa de queso para dipear

Nacho con queso y frijos, necesitas:

  • 1 bolsa grande de nachos, yo prefiero naturales pero puedes usar los tex-mex
  • 1 lata de frijoles negros cocidos, los venden en la sección internacional de los hipermercados
  • 1 bolsa de queso emmental rallado para gratinar, o de mezcla de quesos
  • 1 tomate
  • media cebolla
  • guacamole (el de Mercadona es estupendo, tambien puedes seguir la receta más abajo)
  • salsa agria, también vale requesón batido (sin azucar)
  • aceite
  • comino en polvo y ajo en polvo

Lo primero es preparar los frijoles: escurrelós en un colador y lávalos. Mientras tanto calienta una cucharada de aceite en una sartén y cuando esté templado añade los frijoles y espolvorea con comino en polvo y ajo en polvo. Rehoga un poco y deja enfriar.

En una fuente de horno, pones la mitad de los nachos, la mitad de los frijoles y la mitad de la bolsa de queso, y se mete en el horno precalentado a 180 grados, unos 7-8 minutos o hasta que el queso se funda, pero no se tueste. Se saca la fuente del horno y se repite la operación, otra capa de nachos, frijoles y queso. Otros 7-8 minutos en el horno y listo.

Mientras está la fuente en el horno, corta el tomate y la cebolla en daditos pequeños.

Cuando tengas los nachos fuera del horno, añade por encima el tomate y la cebolla picaditos (pico de gallo), e incorpora cucharadas de guacamole y salsa agria por la fuente. Y a disfrutar antes de que se enfrie.

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Fajitas de pollo, necesitamos para 4 personas:

  • 1 pechuga de pollo cortada en tiras no muy gordas
  • 1 cebolla
  • medio pimiento rojo y medio pimiento verde (si no os gusta el pimiento, con champiñones quedan genial)
  • pimienta
  • pimentón dulce o picante, dependiendo de los gustos y/o niños presentes
  • cayena
  • ketchup
  • sal, aceite
  • 8 tortillas de trigo o de maiz
  • guacamole
  • queso rallado

Cortar la cebolla y el pimiento en juliana y saltear en una sartén grande. Mientras cortar la pechuga en tiras y salpimentar. Cuando la verdura este medio cocinada, incorporar el pollo a la sartén y añadir las especias y un chorro de ketchup. La cantidad  de pimienta y cayena depende de los gustos también y de si hay niños o no, pero tiene que tener un cierto regusto picantito.

Cuando el pollo esté hecho, unos 8-9 minutos, dejar enfriar un poco en una fuente. Calentar las tortitas según indique el paquete (en el microondas se puede hacer) y ya pueden montarlas. En cada tortilla se añade una parte de pollo con las verduras, una buena cucharada de guacamole y un puñadito de queso. Se cierra la tortilla, haciendo un paquetito, y listo!

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Dips con salsa de queso y guacamole

La salsa de queso y el guacamole fresco natural de Mercadona son un gran apaño para picar con unos nachos naturales o tex-mex, pero si os gustan las cosas más caseras aquí os dejo mi receta de guacamole.

  • 1 aguacate maduro
  • medio tomate bien maduro
  • 1 cebolleta pequeña
  • 1 lima o limón
  • sal
  • 2 cucharadas de aceite
  • cilantro o perejil

A mi me gusta el guacamole echo en mortero, pero si no eres tan artesano puedes hacerlo con la batidora o un robot de cocina.

Si es con batidora añadir el aguacate pelado y sin hueso, el tomate pelado y la cebolleta en el vaso junto con la sal y el aceite y triturar según la textura deseada. Exprimir la lima y cortar el cilantro muy picadito y añadir las dos cosas a la mezcla, batiendo un poco más para unirlo.

Si es con mortero, cortar primero en trocitos las verduras y echar en el mortero para ir triturando poco a poco según la consistencia que nos guste. A mi me gustan que se noten los trozos de las verduras. Incorporar también la sal, el aceite, y el zumo de la lima y el cilantro picado.

Estupendo para dipear con los nachos, para los nachos con queso y para las fajitas.

¡Un plan estupendo y genial para pasar una noche en casa tan divertidos!

Libros para leer y releer mil veces a tus hijos

Aunque mis hijos tienen ya 9 y 7 años, sigo manteniendo la costumbre de leerles todas las noches un libro, o dos, o tres. Es un rato muy entrañable para nosotros, de intimidad, que les relaja para luego leer ellos solos un rato más. Aparte del beneficio emocional, leer a los niños es bueno porque aprenden a entonar y leer en voz alta, porque se puede comentar con ellos el cuento y sacar el aprendizaje y, además, porque no hay mejor forma de enseñar una afición que practicándola.

Mis hijos son unos lectores empedernidos, casi viciosos, y creo que es debido, además de al hecho de que siempre han visto leer a sus padres, a que los libros siempre han estado a su alcance (en una estantería en su cuarto, a su nivel, para que los pudieran coger siempre que quisieran) y a que, conociendo sus intereses, les hemos comprado libros sobre esos intereses y por tanto el libro ya les llamaba la atención de por sí (libros sobre dinosaurios, sobre sus películas favoritas, etc). Por otro lado, ir a una librería a comprar un libro es para ellos un gran regalo y como tal lo uso para recompensarles cuando se portan bien o hacen algo estupendo. Así, todos los días leen y cuando vamos de vacaciones siempre llevan libros para sus ratos muertos o los trayectos. No obstante, el placer de leerles, que yo pensaba iba a desaparecer llegada esta edad, sigue ocurriendo casi cada día.

Estos libros que os recomiendo se los he leido «cienes y cienes» de veces, ¡y no se cansan!

  • Un libro, de Hervé Tullet. Es un verdadero libro «interactivo». Se trata de un punto amarillo, que según lo tocas, se va multiplicando, cambiando de color, aumentando, moviéndose por las páginas. Este libro nunca llegúe a comprarlo a mis hijos, pero cada vez que lo traían de la biblioteca lo leíamos mil veces en el fin de semana. Ahora he tenido la oportunidad de desquitarme y se lo he regalado a mi sobrina. Del mismo autor, está Colores, con idéntica dinámica.
  • Ese fastidioso dragón, de Julie Sykes . Un dragón se cuela en una granja y causa el caos: las vacas dan yogur y los huevos de las gallinas están cocidos… Un divertido libro para aprender a no juzgar por las apariencias. La ilustradora de este libro, Melanie Williamson, escribió e ilustró El magnífico plan del lobo,  donde un lobo engaña a las ovejas para que hagan jerseys con su propia lana, y que nos enseña como un equipo de seres, a priori más débiles, pueden vencer a otro superior. Muy amenos los dos.
  • ¡Pink! El pingüino que se volvió rosa, de Lynne Richards, y Monstruo rosa, de Olga de Dios, ayudan a entender a los niños que podemos ser diferentes a los demás pero ser aceptados en el grupo y encontrar nuestro lugar donde ser feliz. En el primero, un pingüino se vuelve rosa de repente y decide hacer un viaje para buscar a otros como él. En el segundo, Monstruo rosa es colorido, enorme, divertido, en un mundo totalmente blanco, pequeño y anodido. Verdaderamente entrañables.
  • La cebra Camila, de Marisa Núñez, pierde sus rayas porque se las lleva el viento pero, gracias a la solidaridad de los amigos con los que se encuentra, se convierte en una cebra preciosísima; y La casa de la mosca fosca, de Eva Mejuto, donde la mosca fosca «harta de zumbar y dar vueltas sin parar», decide construirse una casa, hacer una tarta de moras y esperar a que vengan sus invitados. Por dicha casa aparecen, el sapo castrapo, el lobo rebobo, y… Quizás sea el libro más antiguo que tenemos y el que más veces les he leido.
  • Historias de ratones, de Arnold Lobel, como su nombre indica son historietas cuyos protagonistas son ratones. Muy divertidos, a mi me encanta el del ratón que decide darse un baño porque está sucio y acaba inundando la ciudad.
  • Los vecinos de la C/ Quiensabe, de Cristina Zafra; una niña tiene de repente unos vecinos la mar de raros pero que se ayudan y se preocupan por los demás: un señor con manos de paraguas, unas señoritas con piernas de tijeras, etc…
  • ¡Voy a comedte!, de Jean Marc Derouen; un lobo que tiene mucha hambre, pero también un pelo en la lengua que no le deja pronunciar bien… Muy bueno para leer a los niños porque hay que leerlo como si tuvieras tú el pelo en la lengua 🙂 y porque enseña como la inteligencia te puede sacar de situaciones complicadas.
  • La araña hacendosa, de Eric Carle, para ver el valor del esfuerzo. Una araña no le hace caso a sus amigos que le invitan a hacer cosas divertidas porque está construyendo una tela de araña. Se puede tocar porque la tela está en relieve. Del mismo autor, La Oruga Glotona, donde una oruga se va comiendo todo lo que pilla, literalmente, se come el libro O_O
  • Para los miedos a los monstruos, recomiendo Cómo reconocer a un monstruo, de Gustavo Roldán, y, todo un clásico, publicado en 1963, Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Cada uno tiene un estilo muy diferente. El primero es muy divertido, rápido de leer, y basicamente ayuda a saber cúando «de verdad» nos encontramos con un monstruo. En el segundo, Max es castigado a la cama sin cenar y en su habitación imagina que va a un país donde habitan los monstruos y dónde se convierte en el rey. Es una joya de la literatura infantil, y de él hicieron una película.
  • No he hecho los deberes porque… de Davide Cali, y He llegado tarde porque…, del mismo autor. Dos libros para partirse de risa, ya que contiene las excusas más rocambolescas y absurdas para justificar que no se han hecho los deberes o se ha llegado tarde, respectivamente. Las ilustraciones son también o muy molonas.

Espero que os guste la selección y que disfruteis de la lectura con vuestros hijos igual que hago yo.

 

 

Albóndigas de berenjena: recupérate del atracón navideño

Aquí os traigo una de mis recetas estrellas, y no sólo porque estén súper ricas están albóndigas y son muy sanas, sino porque no conozco a nadie fuera de mi familia que las haga. ¡Receta de mamá!

Para esta receta y para unas 4 personas, para un primer plato o picoteo, necesitas:

  • 2 berenjenas hermosas, firmes y brillantes.
  • 1-2 dientes de ajo, depende de lo que te guste
  • 3-4 ramitas de perejil fresco (mejor recien cortado de la maceta)
  • 1 huevo
  • pan rallado
  • un poco de harina
  • aceite para freir (prefiero de oliva, pero hay gente que prefiere de semillas para no dar tanto sabor al plato)
  • sal

Lo primero es pelar las berenjenas y cortarlas en daditos (se cortan en lonchas longitudinales de 1 cm aproximadamente, luego en bastones del mismo grosor y, por últimos en dados). Luego se ponen en una olla con agua que las cubra y un poco de sal. Cocerlas por unos 15-20 minutos (dependen de cada berenjena, las rayadas tardan un poco más), y luego colarlas en un colador fino y dejarlas escurrir para que suelten todo el líquido. Se les puede apretar con un tenedor para que filtren más. El resultado tiene que ser una pasta de berenjena con cierta firmeza (que no sea un puré) y que no chorree agua. Dejar enfriar las berenjenas.

Poner la pasta en un bol y añadir el ajo bien cortadito o machacado con un machacador de ajos y el perejil bien picadito. Añadir también el huevo y remover para ver la consistencia. Ir luego añadiendo poco a poco pan rallado para dar consistencia tal que permita manipular la masa para hacer albóndigas. La cantidad del pan rallano dependerá del agua que tengan las berenjenas y de la consistencia que seamos capaces de manejar.

Poner el aceite en una sartén con cierta profundidad ya que las albóndigas deberán quedar totalmente cubiertas de aceite al freirlas. Mientras se caliente el aceite, ir haciendo las bolas de albóndigas y pasarlas ligeramente por harina. Echar en la sartén cuando el aceite esté bien caliente, pero no humee porque si no se quemaría la harina y amargaría. Freirlas durante unos minutos hasta que queden doraditas y ponerlas en un plato con papel absorbente para que elimine el exceso de aceite, pero si se han frito bien no quedan nada aceitosas sino crujientes por fuera y jugosas por dentro.

Se pueden mojar en una salsa ligera de tomate. ¡Y a disfrutar de un aperitivo sano! ¡¡

¡¡A mi hijo le gustan más que las salchichas!!

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